El origen de las máquinas recreativas

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El origen de las máquinas recreativas

Hay que remontarse hasta el año 1891 para encontrar el origen de las actuales máquinas tragaperras de Pontevedra. Dos neoyorquinos, Sittman y Pitt, crearon una máquina que se basaba en las cartas de póker y consistía en cinco rodillos diferentes con las imágenes de las cartas de la baraja. Giraban accionados mediante una palanca hasta detenerse y formar una mano de cartas. Según fuera esa mano, el propietario del establecimiento hacia entrega del premio. Nunca en dinero, pues no estaban permitidos los pagos en dinero.

Pocos años después, Charles Fey redujo el número de rodillos de la máquina hasta dejarlo en tres, como la gran mayoría de las actuales máquinas tragaperras de Pontevedra. También redujo el número de figuras de cada rodillo, lo que permitió establecer un mecanismo mediante el cual la máquina, automáticamente, pagaba directamente el importe del premio en caso de haberse detenido en una combinación ganadora. Las tres figuras que daban el premio más alto eran reproducciones de la famosa Campana de la Libertad, lo que le dio el nombre a la máquina de Fey: Liberty Bell.


Como curiosidad hay que señalar que el importe del premio máximo era de ¡50 centavos! Pese a ello, en apenas unos años, las máquinas de Fey se fueron haciendo más y más populares hasta que, prácticamente, todos los bares y salones de los estados de Nevada y California tenían su propia Liberty Bell. A mediados los años 30, Benjamin Bugsy Biegel, propietario del Hotel Flamingo en Las Vegas, compró decenas de tragaperras para instalarlas en el establecimiento para que fueran usadas por las esposas y acompañantes de los jugadores del casino mientras ellos estaban en las mesas.

Mucho han evolucionado desde entonces las máquinas tragaperras hasta llegar a los modelos tan vistosos que Recreativos Miami tiene en su catálogo. 

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